La prensa y yo (II)

Continúo relatando la historia de mi relación con la prensa. Estábamos en el colegio, y era común que nos habituáramos a leer noticias de todo tipo. Cuanto más extrañas y raras, mejor, porque darían pie a mayor debate.  La hermana Esperanza en el colegio fue quizás una de las personas que más nos hizo releer las noticias. Claro está, que ella recomendaba siempre determinado periódico, y que leyéramos la sección de religión con mayor atención.  También para comentar y poder relatar los viajes del Papa Juan Pablo II, que como  sabe casi todo  el mundo era amigo personal de ella.  O eso nos parecía a nosotras entonces  con ese afán de comentarnos siempre sus viajes a Puerto Rico y Roma en primera persona.

De aquellos años recuerdo especialmente una noticia de la cual tuve que hacer un seguimiento especial, pues mi padre cogió la costumbre de que todas las noches le leyera la crónica. Creo que mi padre tenía fiebres de malta,  – y ya sabéis que  eso llevaba aparejado la prohibición de comer queso de cabra, y además, en mi caso la lectura en alto del ABC – así que se pasaba mucho tiempo encamado, y no le debía apetecer leer el ABC, y  me lo encasquetó a mí por las noches – yo tendría unos 10 años, no más – . Debía ser uno de los únicos entretenimientos que tenía, porque entonces solo existía un televisor por casa, y desde luego éste siempre se encontraba en el cuarto de estar, y no en el dormitorio. Claro, también había una única cadena con carta de ajuste y locutoras de continuidad. El UHF estaba al caer, pero para poder verlo tendríamos que mover el cable de la  antena y ponerla mirando haciaMontánchez, en lugar de hacia la Plaza de Italia.  Todo esto parece de película del cuaternario, pero era bien real. No es como hoy en día, ya que estádísticamente está comprobado que hay más televisores que moradores en cada casa, y que casi hay más canales que televidentes.

La noticia que tenía que relatarle a  mi padre cada noche, era la referente al secuestro de Patricia Hearst.  Fue un bombazo en todos los sentidos, primeramente por las circunstancias personales y familiares de la chica. Nada menos que la nieta de Randolf ciudadano Kane. Y también por toda la deriva posterior, que efectivamente parecía una película de Orson Welles. Así que cada noche, leíamos la crónica del corresponsal del ABC – no recuerdo si era Carrascal y sus corbatas – que contaba todo sobre ella: sobre el ejército de liberación terrorista que la secuestró y sedujo también, sus tropelías con ellos, la detención y el juicio. Y luego ya lo más romántico de la historia,  su boda con uno de los policías que la rescató y que se convirtió en lo que luego inspiraría a Kevin Costner. Etc. Esa noticia no tenía nada de morbosidad, ni semejanza al tratamiento que hoy en día le da la prensa a noticias similares que se pueden producir actualmente. Era todo más sencillo y menos manipulado y escandaloso.  Recordaba su tratamiento al impacto del secuestro del hijo de Limberg. Nada era inventado,  era la realidad. No se hacían tertulias en la tele invitando a todo tipo de fauna a opinar, no se sacaron trapos sucios porque la audiencia lo pidiera. Entonces no existía ese afán de sacar a a luz pública cualquier cosa independientemente de que fuera veraz o no.

El ABC era divino para esas noticias, se completaba con el dominical en color y el Blanco y Negro. Y lo mejor de todo, es que todos eran con grapas.  A mí me ocurre una cosa curiosa que no sé si es debido a ser zurda o es una simple manía.  Leía las páginas al revés. Empezaba de atrás para adelante, siempre lo he hecho.  Eran noticias y otras formas de contarlas, con más clase sin duda, con un lenguaje más cuidado, con mejores plumas.

Hoy en día ocurre todo lo contrario, parece que lo que prima es sacar titulares escandalosos aunque la realidad sea muy distinta y se  conozca por parte del medio que lo publica y no se cuente.  Porque contar la verdad e informar, parece que no se valora porque no vende ejemplares.

Con la llegada de internet, el acceso a la información se ha hecho más fácil. Así que ya puedo acceder a la prensa de todo el país, y voy creando mis favoritos. También tengo la oportunidad de acceder a periódicos extranjeros y conocer cómo se vive en otros extremos y qué se cuenta de nuestra realidad. Todo se ha hecho más fácil, pero también se ha hecho más fácil divulgar mentiras y hacerlas pasar por verdades.  Basta publicar algo para que ya se le dé marchamo de verdad. Sin embargo para mí se ha hecho más difícil porque a ver cómo paso yo las páginas ahora en la pantalla de atrás para adelante.

Empiezas por leer un digital, que al principio parece distinto a lo que publican otros. Hay nuevas firmas, nuevas informaciones y formas de contar la vida.   Te abonas, te suscribes con el mail, y terminas por comentar noticias y enviarlas a tus contactos.  Pero de pronto ese medio empieza a ser más conocido, y empiezan a llegar más lectores.   En los diarios en papel, nos empiezan a regalar de todo rellenando cartillas y guardando cupones, y mi podre Pepe ya no tiene sitio en la acera para poner tantos trastos que compramos con ilusión, pero que terminan arrinconados o en la basura. Y con tanto regalo empezamos a preferir leer diariamente por la red y dejar el papel para las ocasiones especiales en las que hay que comprar el ejemplar para guardarlo como recuerdo para la posteridad, que es lo que siempre se ha hecho. Aún recuerdo yo haber visto en mi casa los que guardaron mis antepasados sobre las bodas de D. Alfonso XIII,  la de Juanito y Sofía, o el ejemplar de la muerte del Caudillo…..

Llega la crisis y casi desaparece la publicidad, y sobre todo la de los que mandan,  y entonces a algunos se les ocurre que hay que irritar al lector, que hay que fomentar el escándalo dando titulares que vendan, aunque el interior de lo que se cuenta pueda ser mentira, o no está comprobado. Se lanzan acusaciones por todo lados,  la corrupción empieza a destaparse. Pasamos a derribar héroes: políticos, artistas, deportistas, empresarios. Contra todos, aunque sea mentira. Total, la libertad de prensa y de expresión lo permite, y nadie nos va a pedir responsabilidades. Ningún juez lo va a impedir, porque también se destapa que entre ellos también hay ovejas negras.  Todo esto hace que empiece a conectarse más gente, aumentan los comentarios, los Trolls,  y da lo mismo si son ofensivos, o no. Los moderadores no existen, ni se le esperan. Es más en muchas ocasiones pienso y sé que no me equivoco que los propios medios provocan todo esto.

Y aquí llego al tiempo actual, en el que cada vez me cuesta más leer la prensa. La leo, pero ya apenas me creo nada. Y la única conclusión que saco es que estamos en una deriva en la que todo vale, y en la que se ha perdido el respeto más absoluto. Y es por parte de todos, no solo los poderosos y mandatarios. También nosotros  los mandantes, porque los que nos mandan, los poderosos sean del ámbito político o social, no son más que un reflejo de todos nosotros. Y pretendermos exigirles lo que nosotros no estamos dispuestos a dar. Fin de la reflexión.

 

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Glory dice:

    Genial, estoy de acuerdo contigo. ¿Exigir lo que no somos ni hacemos? Por tanto, mirémonos a nosotros mismos también. Gracias por las reflexiones

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    1. Gracias a ti por las tuyas y por leerlo.

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