Padre

Padre mío que estás
en los cielos.

Padre mío, que ya no estás
en la tierra junto a mí .
Te miro al cielo,
donde sé que ahora
moras por siempre.

Te veo, y te siento
cada vez que veo
las sombras de las nubes
sobre campos de avena
y centeno,
que doran al sol.

Cada vez que observo
las estrellas en el velo
azul de cada noche,
y pienso para mí:
Hoy está el cielo raso,
no lloverá mañana,
como tú me enseñaste
a mí.

Mañana habrá rocío,
y me empaparé las botas
al caminar por la hierba…
y veré los regatos
correr con el agua,
de Abril…

Cuando veo reflejada
la luna sobre una charca,
y cantan ranas y grillos
en una noche de calor
de verano.

O en una noche sin luna
de cualquier viernes santo,
mirando al tejado de tu casa.

Ése que ardió hace ya años,
y que aún hoy conserva
sus artesonados de encina,
que tú y nosotros empapamos
de agua de tu zonche,
para apagar sus llamas…

Ése donde anidan las
golondrinas, que cada año
siguen apostando por sus
grandes ventanales y las rejas
como mejor sitio,
para construir sus nidos.

Padre mío que estás en los cielos.
Te veo y te escucho
cada vez que oigo a
alguien llamar a tus ovejas
y a tus cochinos:
bochi, bochi, bochi…
y rúa, rúa, rúa….

Cuando las veo con su lana,
y cuando las veo después
de pelarlas.
Escuálidas ellas,
sin su manto merino…

Te veo en las manecillas
de cada reloj tuyo.
Y siento que el tic tác
de ellos, es el latido
de tu corazón.
Me impulsas a darle
cuerda cada semana
con el mismo cuidado
y la misma dedicación
que tú tenías.

Santificado sea tu nombre,
ése que hoy celebrarías,
y ése con el que todos
te conocían…

No es necesario
que vengas a nosotros,
porque nunca has dejado
de estar acompañándonos.

Hoy estás en el reino
de Dios,
disfrutando de su presencia
y de la de tantos otros,
que te acompañan con Él.

Intentaré cumplir tu voluntad,
tus deseos y tus ilusiones,
aquí en la tierra.
Y ruega a Dios por mí,
que me ayude a cumplir
también su voluntad.

Para que un día yo,
también pueda acompañarte,
allí donde estás.

Sé que nunca me faltará
el pan de cada día,
teniéndote cerquita
como te tengo hoy
y te tendré mañana.

Perdóname las ofensas
que te hago,
y que le hago a Él.
Y ayúdame a perdonar
a quien pienso
que me ofende.

No me dejes caer,
ni tropezar con tentaciones,
ni con males,
ni piedras en mi camino.

Y si no queda más remedio
que caer.
Ayúdame a levantarme,
sáname de mis heridas,
incluso las que
yo misma me procuro
cada día,
con mi torpe quehacer.

Y haz que nunca pierda
tu recuerdo de mi mente,
ni desaparezcas de mi corazón.

Y que siempre
te tenga en mi memoria,
como hoy….
Día de mi Padre.

Amén

(dedicado a mi padre. Escrito 19 marzo 2008)

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