Desde otra óptica

Llevo tiempo sin escribir, y sin actualizar mi blog. No solo son los problemas del trabajo, que a veces me quitan la inspiración y el tiempo, o el estar en otras ocupaciones. También es el hecho de que llevo un tiempo, unos meses concretamente en los que me he dado cuenta que cada vez me cuesta más leer, y reconocer ciertas letras. Sí, parece que ya he llegado a esa edad en la que todo el mundo termina por necesitar una gafas  para la presbicia.  No es ninguna exgeración, pero llevo un tiempo en el que me veo obligada a usar una lupa a veces,  para reconocer  numeritos de listados impresos, los CIF de las facturas y otros datos que muchas empresas, y sobre todos esas odiosas que se pasan el día subiendo sus tarifas, se empeñan en poner en los laterales o al pié de página en letra minúscula o índice. Así he estado pasando un tiempo, hasta que  por fin me he decidido a revisar la graduación de la vista.  Mejor no quieran muchos detalles, del tiempo que hace que no visitaba una óptica para estos asuntos….solo decirles que las gafas que tenía hasta ahora, me las recetó un oftalmólogo muy conocido de mi pequeña ciudad. Uno de los de toda la vida. Él ya fallecido, y hoy en día sustituido por su hijo que ya es todo un referente. El Doctor Guerra padre, me recetó ya hace la friolera de años unas gafas para mi atigmatismo. Yo fui a su consulta, porque en mi despacho llegó un día en el que me obligaron  a ir al oftalmólogo pues decían que bailaba los números. Yo creo que fue una exgeración….pero el caso es que fui, y terminé con unas gafas muy monas que en principio eran para todo uso, y con una graduación provisional. Él me dijo que primero debía acostumbrarme a ellas, y que al cabo un mes o así, volviera para ya recetarme la graduación definitiva de entonces. Y claro, yo me puse las gafas y descubrí un mundo nuevo, con un contraste, una definición,  y unos colores que parece ser que hasta entonces yo no había  conocido. Y es que, yo pensaba entonces que todo el mundo veía como yo sin gafas. Mi visión con las gafas por supuesto mejoró, y yo las usaba básicamente para trabajar con el ordenador y poco más. Pues pensaba que si las tenía para muchas más cosas, al final tendría dependencia y no vería sin ellas. Por supuesto no piensen que hasta la semana pasada yo seguía con el mismo modelo de gafas que antaño. No, no, no…..Las he ido cambiando, y pasando de unas de pasta, a las monturas al aire, más o menos modernas, hasta llegar de nuevo al carey. Y es que con esto de las gafas, se confirma que las modas no cambian, y todo vuelve. Tarde o temprano.

En todos estos años cada vez que las he ido renovando, yo iba con mi receta del Doctor Guerra padre a la óptica, y luego ya terminé por ir con una fotocopia de la misma, porque  el papel de la receta ya había adquirido el color amarillento del paso del tiempo. Y era muy habitual que el dependiente de la óptica alucinara al ver el sello del doctor, de la fecha, ect. Y alguna vez incluso me dijeron que si estaba de broma, pues no creían lo que tenían delante de sus ojos.

En octubre creo que fue, me tocó renovar mi permiso de conducir, y claro esta vez todo fue más complicado, y la médico me dijo estás en el límite. Yo creo que fue muy muy buena conmigo y como le prometí que me iría a revisar la visión, me dio el ok. Y así he ido aguantando, hasta que ya no ha podido ser.  Así que con una amiga, nos hemos plantado las dos a revisarnos la visión, y después de tanto tiempo el panel con las letras a mí me parecía que estaba a muchas leguas, y mira que yo me esforzaba por leerlas, y de hecho estaba convencida que no fallaba ninguna. Fui honrada, y en lugar de memorizar las letras cuando le revisaban la vista a mi amiga, yo me puse de espaldas para no verlas. Confiaba todavía en que podía acertarlas todas.  Cuando me tocó a mí, yo iba de valiente y con fuerza pensando en que yo las decía todas bien, y casi me entra una depresión cuando mi amiga muerta de risa, y el óptico me decían que no había acertado ninguna. Ellos riéndose, y yo sufriendo y enrojeciéndome…. pero qué le vamos a hacer, si yo he ido a la graduación de la vista, con unas gafas que podían ser de mi graduación escolar. Sabía a lo que iba, así que no podía sorprenderme.

Pues nada, después de todo eso no me quedó más remedio que elegir dos pares de gafas ya con cristales para todo. Con un poquito de canguelo por el tema de que muchas personas te dicen que les cuesta acostumbrarse, que cuidado con subir escaleras, que si da la sensacion de tener un colocón con el mareo que sientes,  y que sin ellas ya no verás ni un burro a tres pasos….etc.    Tengo mis gafas nuevas puestas, y debo decir que hasta ahora lo estoy llevando muy bien, y eso  que no puedes hacer movimientos bruscos, porque necesitas enfocar bien. Supongo que poco a poco tu cerebro se tiene que adaptar. Pero me parece que todo está siendo más fácil de lo pensado. Y como la primera vez, estoy redescubriendo un mundo nuevo. Más contraste, más brillo, más color,  ahora sé lo que es la alta definición, los mensajes de guasap los veo como si hubiera cambiado el tamaño de la fuente. Podría decirse que el cambio es radical, como cuando cambiamos el Telefunken en color por la Sony Bravia de pantalla plana. Sigo experimentando, y con la idea de ir adaptándome poco a poco, y por supuesto de no tener que usarlas para todo. Solo cuando sea necesario, para no generarme dependencia de ellas. Pero siendo conscientes de que las células se gastan, y envejecen, y que cuando no se puede, no se puede. Es ley de vida, y más cuando se llevan tantos años trabajando con una pantalla de ordenador delante de tus ojos y por tantas horas.

Pero debo también decir, que es un gusto descubrir nuevas sensaciones visuales, nuevos matices de la luz y de los colores, y poder decir también: Concho, y qué bien me he manejado yo con esas gafas de graduación casi decimonónica. Y encima dado mi atigmatismo, no solo yo veía como el Greco, – las figuras más alargadas -,  sino que encima veía a todo el mundo más tipín y esbelto. Pero aviso, ya podéis meter barriga cuando me cruce con vosotros por la calle y lleve mis nuevas gafas, porque eso de que todo el mundo sea top model desde mi ópitica, se ha acabado. Así que ahora todo el mundo a practicar como Ana Obregón. Ahora voy por la calle y quizás me entre complejo de Botero, con sus toreros y manolas rechonchas. Lo siento, pero no ha sido decisión mía, ni es mi culpa. Todo es producto de las nuevas gafas.  Así que, hoy ya estoy escribiendo desde otra óptica, y  como todo el mundo sabe: Todo en esta vida, depende del cristal con el que se mire.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Gloria dice:

    Querida amiga, me alegro de que tu adaptación vaya evolucionando con éxito. Yo también uso gafas, pero ahora las lentes son tan caras que sólo twngo unas. Y de veras me gustaría poder tener gafas como zapatos, para elegir. Mientras, que sigamos viendo desde buena óptica.

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