Café para todos

Tomar café es una de las actividades del día con mayor significado, y de mayor influencia. Con esta acción cotidiana casi todos empezamos el día, incluso muchas personas opinamos que hasta que no tomamos café no somos personas, y que mejor no nos molesten. Esta infusión actúa como el despertador de nuestro cuerpo. Claro que hasta que no eres un adolescente normalmente no te permiten tomar café en tu casa. Y cuando llegas a esa edad entonces eso de tomar café toma otro significado, y no es que lo tomes ya en tu casa, es que también usas esa expresión de ” he quedado a tomar café”, y empiezas a ir a cafes a disfrutar del ocio. En mi época se iba a tomar café y jugar a los dados al Drink mientras de escuchaba a La Mode, o a tomar café y jugar al parchís a la Fontana mientras sonaban Los Secretos. Era una forma de pasar la tarde, sobre todo cuando te fugabas las clases, que de todo había…y del café se pasaba a otras bebidas más espirituosas. Pero, todo se englobaba en esa expresión: Quedar para tomar café.

Hoy en día esto se ha sustituido en algunos grupos juveniles, por otras cosas y a lo sumo la gente queda para tomar café en un vaso de papel en una franquicia americana, y le dan el valor como si se estuvieran tomando café arábiga de primera clase. Y en un vaso de papel!!!!!. Eso es delictivo.

Cuando eres pequeño seguro que empezaste por tomar un  tazón de leche con galletas, y luego ya pasaste al colacao que sigue siendo producto nacional. En otros países evidentemente el paso siguiente a la leche es otra marca distinta a la del negrito del África tropical. Son hábitos que tampoco han evolucionado mucho, aunque los cereales yankies lo intenten, yo creo que faltarán muchos años para que desaparezcan de nuestros desayunos. Lo más que se ha producido en nuestra historia ha sido pasar de mojar pan en los tazones de porcelana, a mojar galletas marías, chiquilín o magdalenas. Sí se ha pasado de las magdalenas tradicionales a la bollería industrial. Pero el tazón o taza desayuno permanece inalterable en nuestras casas.  Ya he dicho, que igual que te decían aquello de cuando seas padre comerás huevos, tampoco te permitían de niño tomar café.  Y había que aguantarse y esperar  unos años a disfrutar de ese líquido con ese aroma tan fuerte y penetrante que perfuma una casa mientras se escucha el ruido de una cafetera hervir, y subir por el émbolo.  Lo siento, pero al que no le guste el café y prefiera el te, hoy no lo va a disfrutar.

Para mí el primer café del desayuno es imprescindible,  lo necesito en la sangre inmediatamente, motivo por el cual me he acostumbrado desde hace unos años a tenerlo preparado en un termo hecho del día anterior. Sé que es un sacrilegio, y que Juan Valdés como poco me excomulga. Pero es que ese café es como la aspirina, simplemente un dosis para despertar. Perferiría lógicamente tomarlo recién hecho, pero no puedo esperar. Soy impaciente por naturaleza, y no tengo a nadie que me haga el favor todos los días de hacérmelo antes de que despierte.  Así que, en mi taza duralex ambar me lo tomo todos los días con un poco de leche para mancharlo apenas, y cucharadita y media de azúcar. Me tomo de un trago y sin sentarme.  Yo a eso no lo llamo desayuno, claro está.

En vacaciones con otro biorritmo puedo esperar y preparar una cafetera, o en el campo. Eso sí, las cafeteras de filtro de papel no son amigas mías.  Prefiero las exprés italianas también de toda la vida. Para tomar aguachirris y desperdiciar el café, ya están los americanos.  Un café rico tiene que tener cuerpo, volumen, color, aroma y estar espesito y negrito….como si fuera también del África tropical.

Hoy hablo del café porque últimamente escucho y leo por muchos sitios que de nuevo se acentúa la guerra entre las grandes marcas y los productores. Y el señor que todos los días me sirve el café a media mañana, me lo ha vuelto a repetir hace dos días. Ese momento, es mi verdadero desayuno. Entonces sentada, leyendo el periódico, y acompañada de alguna tostada o similar. Este señor, que a veces cuando se lo repites muchas veces y no le coges con prisa, te prepara un cafecito con crema del café y con crema de  leche.  Aunque a veces le pilles en peor momento y te lo sirve demasiado diluido, y te quedes con las ganas de pedirlo doble….Este señor el otro día me suelta: Uhmmm, el café mezcla se nos está acabando, cada día lleva menos porcentaje de torrefacto…y esto va a menos. Deberiais empezar a tomar solo de tueste natural.   Ah no, a mí me gusta como lo he tomado toda la vida. Hasta en esto del café hay que hacer patria, y si en España de siempre se ha tomado mezcla con torrefacto, por qué ahora nos van a cambiar nuestros hábitos y nuestra idiosincrasia. En estas ocasiones que me tocan el punto tradicional y costumbrista, es cuando me suelo acordar del profesor de lengua D. Antonio Serradilla. Él nos dijo que esto también constituía nuestro acervo popular, no confundir con acerbo claro está. Tenía razón este señor profesor, es parte de nuestro acervo tomar el café mezcla con torrefacto, como lo es también el café a las 11, las cañas al mediodía y tantas costumbres.

Bueno pues sí, existe en el mundo una conspiración global empeñada en cambiar los hábitos de muchas sociedades. E igual que se quiere imponer una ideología de género o no, se busca que terminemos acostumbrándonos a no mezclar el café, y a tomarlo de tueste natural. Y por qué ocurre esto. Pues muy sencillo, el café se produce en países normalmente de renta muy bajita. Es tostado en su mayoría en origen, embalado en sacos de rafia y transportado a los países ricos, que pagan una mierdecilla por tanto trabajo, lo empaquetan muy bonito, en grano, molido o soluble…..y apenas le  aportan  eso que se llama valor añadido, que en el caso del café apenas existe pero curiosamente vale una pasta.  Así nos lo venden a los consumidores, y como el precio es tan bajo la mejor manera de sacarle más beneficio e intentando convencer al consumidor que se deje de bobadas, y que le quitemos el azúcar del torrefacto y nos lo bebamos natural, que es más sano, más rico, y más bonito…..Claro que esto solo nos afecta a España y unos pocos países más. Muy poquitos en el mundo que tomamos ese café mezclado. El motivo de intentar cambiar nuestros hábitos cafetiles es simplemente tener mayor ganancia, pero no para Juan Valdés y su familia que van a seguir cobrando igual de poco y mal, sino para Nestlé y cias.  Que se ahorrarán mucho dinero produciendo de la misma manera para todos los mercados. La explicación es simplemente esa, aunque las multinacionales y los italianos no lo quieran reconocer, ni lo vayan a hacer en la vida.  Alguien sabe por qué en España apenas se vende café italiano, pues simplemente porque no les compensa tener grandes tostadores de torrefacto, porque cuesta más y porque somos un mercado minúsculo en el universo. Y como eso ocurre, los grandes fabricantes de café no se instalan en nuestro país. Y aquí preferimos el café de procedencia portuguesa y de los pocos países donde se sigue torrefactando el café.  Si hace unos años la proporción del torrefacto en el mezcla era de un 35-40%, hoy en día apenas llega al 15%. La mejor manera de ir acostumbrando a nuestros paladares ha sido esa, reduciendo la proporción del torrefacto, y poquito a poco….tacita a tacita nos van camelando sin que nadie proteste. Hará  diez o doce años Intermon Oxfan inició una campaña por el comercio justo del café, como apoyo a los países productores, y elaboró unos informes que confirmaban todo lo que las multinacionales del café estaban haciendo, sus planes secretos, los acuerdos de  ese oligopolio, etc…y anunciaba que esto ya estaba en camino, y parece que como pardillos vamos hacia el final.

Esto puede parecer una tontería, pero demuestra la cantidad de cosas que nos van cambiando de forma casi imperceptible, con una única finalidad económica. No buscando nuestro gusto o placer, o nuestra conveniencia, y ocultándonos los fines perseguidos.  Imaginaros el futuro que nos espera si pensamos en la cantidad de cosas más importantes que el café, que nos están cambiando de forma sibilina….nuestros valores, nuestra cultura. Y nos aguantamos con todo, y con esto ha llegado la hora de empezar la jornada de tarde, y lo mejor para ello es tomarse el café de después de comer.  Yo ahora me lo tomo y tengo la fortuna de que lo prepara mi amiga Mafe, colombiana. A la que no le gusta el café, pero lo prepara de maravilla, con mucha crema y siempre con un vaso de agua de acompañamiento.

Me intrigan dos cosas: Cómo pueden dominar un mundo tan complejo a la hora de servir un café, que tiene tantas formas de hacerse: solo, con leche, manchado, con una nube, cortado, etc…… ¿Y por qué bebemos siempre un vaso de agua después del café?

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5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. brestandglory dice:

    Querida amiga, me encanta el café, mezcla como a tí, y me he dado cuenta que ha subido de precio. Ya nos has explicado la situación. Como tú, sigo con las tazas de duralex que para algunos serán anticuallas, pero que me gusta usar. Ahora alterno con té y otras infusiones, pero qué rico está un café bien hecho y bien servido, y acompañado de una charla tranquila, eso ya es el paraíso. ¿Quedamos a tomar café? Conozco un camarero que lo sirve exquisito.

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    1. Quedan pendientes muchos cafés, cuando tengamos oportunidad. Espero que pronto. ¡Gracias!

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  2. TOMAR AGUA DESPUES DEL CAFE ES COMO DUCHARSE Y LUEGO IR A TROTAR.

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